miércoles, diciembre 10, 2008
INROCKUPTIBLES
(Con Valentina Bassi y Daniel Hendler, Ana Garibaldi, Ignacio Rodriguez de Anca y Susana Lanteri. Dirección: Cristian Drut. En el Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Sábados a las 18.)
ESCENAS Recién a partir del festival que se realizó en su honor el año pasado, la dramaturgia de Jean-Luc Lagarce comenzó a llegar a los escenarios porteños. Entre las lecturas y los semimontajes del aquel evento se encontraba esta aproximación de Cristian Drut, quien acaba de estrenar la versión definitiva de una de las obras más singulares del francés. Luis regresa a su casa padeciendo una enfermedad terminal. Vuelve para anunciarlo y despedirse. Pero no es la muerte el elemento protagónico. Por el contrario, la obra exhibe un juego lingüístico en el que cada personaje tendrá su momento para exponer su propio padecer ante lo que originalmente fue el abandono y la ausencia de Luis. La madre, sus dos hermanos y una cuñada lo acompañan en sus últimos días de vida. Lagarce reflexiona sobre los afectos y sobre la presencia, y muestra cómo la ausencia tiene el poder de forjar odios y rencores. Este personaje que pudo salir de la casa paterna y hacer su propio recorrido deberá hacerse cargo de aquello a lo que renunció cuando se alejó de la vida familiar. Drut sabe cómo poner en escena este tipo de textos, y fundamentalmente cómo dirigir a los actores para hacer que ellos, sin perder la posibilidad de transmitir emoción, jueguen con la materialidad de las palabras, que fueron usadas con maestría poética por su autor y por una notable traducción de Jaime Arrambide.
F. I.
viernes, noviembre 21, 2008
ESTRENO/ SANTIAGO DE CHILE
domingo, noviembre 16, 2008
sábado, noviembre 08, 2008
sábado, noviembre 01, 2008
HOY EN CLARIN
"APENAS EL FIN DEL MUNDO", De Jean-Luc Lagarce
La ceremonia del adiós
Con Daniel Hendler y Valentina Bassi, la obra se centra en la imposibilidad de restablecer antiguos vínculos familiares. Apenas el fin del mundo. El título de la obra que Jean- Luc Lagarce escribió en 1990 en Berlín, alejado de su Francia natal, dos años después de que le diagnosticaran sida, preanuncia la belleza y la melancolía -abrumadoras- de su texto. El primer elogio es, entonces, para este dramaturgo y director que murió en 1995, a los 38 años, durante un ensayo, con casi 25 piezas escritas, pocas de ellas llevadas a escena; muchas, ignoradas. El segundo elogio, para su traductor, Jaime Arrambide: es arduo capturar el lenguaje de Lagarce, tan libre, tan lírico, tan intenso. Gramaticalmente complejo: un lenguaje que vuelve sobre sí, se contradice, se reitera, se yuxtapone. Que da cuenta, en definitiva, de una de las tantas imposibilidades humanas: comunicar el mundo con palabras.
Y sin embargo, las de Lagarce tienen encanto desolador y amplio alcance: regresan, resuenan, crecen, se resignifican en la mente del espectador tras el final de la obra. Apenas... empieza con Louis (Daniel Hendler) volviendo a su casa materna después de años. Tiene una enfermedad terminal, que no funciona como núcleo dramático, ni siquiera como tema, sino como impulso que lo arrastra a reencontrarse con vínculos quebrados. Su viaje podría ser real o imaginario: la realidad no parece modificarse sino resurgir, irrevocable como el pasado, a través de monólogos que se cierran sobre sí mismos, sin conformar un relato colectivo: quejas, celos, remordimientos, disputas familiares que ya no pueden ser, ni serán, canceladas.
El diseño de iluminación de Alejandro Le Roux y la puesta del director Cristian Drut multiplican, con delicadeza, la sensación de soledad, fractura y ambigüedad temporal. El prólogo de Louis de cara a los espectadores, que bien podría ser una página literaria inolvidable, permite percibir a su familia detrás: en el centro del amplio espacio escénico, en penumbras, alrededor de una mesa. Con la llegada de Louis, los personajes se irán dispersando y comunicando a través de "diálogos", que más bien son monólogos lanzados a la cara de un hombre pasivo o acaso ausente, ya en los bordes de la casa, bajo halos de luz, en contraste con la oscuridad envolvente.
Suzanne (Valentina Bassi, de gran labor con un texto arduo, como el resto del elenco), hermana menor, parece aplastada por el conformismo o la resignación de no haber despegado de la casa. Antoine (Ignacio Rodríguez de Anca), hermano obrero (como los padres de Lagarce) guarda rencor y celos hacia Louis -escritor-, pero sobre todo resentimiento contra sí mismo. Catherine (Ana Garibaldi) es su esposa. La Madre -así, sin nombre- de los tres hermanos (Susana Lanteri) oscila entre la nostalgia del mundo familiar que se esfumó y la manipulación de sus restos.
En un monólogo interior, Louis concluye: "Comprendí que esa ausencia de amor de la que me quejo, y a la que siempre le endosé todas mis cobardías, sin que hasta el momento yo la viese, comprendí que esa ausencia de amor siempre hizo sufrir más a los otros que a mí. Me desperté con la idea extraña y desesperada y también indestructible de que ya me querían en vida como les gustaría quererme muerto, sin poder ni saber jamás decirme nada". No es un mero destello de poética amargura, sino de la esencia de una obra formidable.
viernes, octubre 31, 2008
viernes, octubre 24, 2008
HOY EN AMBITO
Exige concentración sutil cuadro familiar | |||
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En el terreno siempre resbaladizo de los vínculos familiares, ni siquiera el afecto -descontando que éste exista- puede llegar a unir aquello que una vez se quebró sin que nadie supiese bien el porqué. La soledad, la muerte y la imposibilidad de comunicarse con los seres a los que uno está ligado, por lazos sanguíneos y por una historia en común, son los ejes temáticos de esta pieza de tono intimista que con estudiada morosidad va sumergiendo al espectador en una atmósfera de creciente melancolía. Es como si el autor nos invitara a observar un viejo álbum de fotografías tratando de descubrir en esas vidas mediocres y resignadas algún destello de felicidad. En este caso, el encargado de pasar las páginas es un hombre de 34 años (Daniel Hendler), un individuo de pocas palabras, entre inexpresivo y enigmático, que después de mucho tiempo regresa repentinamente a su pueblo con la idea de anunciarles a su madre y a sus dos hermanos que va a morir. Es una tarea imposible o quizás inútil, debido a que su presencia sólo logra activar el vacío y la sensación de abandono que aquéllos sintieron ante su inesperada partida. Sin respetar un orden temporal, las escenas se van encadenando naturalmente a través del encuentro del protagonista con su madre ( Susana Lanteri), que recuerda con nostalgia antiguos paseos en familia; con su hermano (Ignacio Rodríguez de Anca), al que todo lo enfurece, empezando por su propia mediocridad; con su hermana menor (Valentina Bassi), algo corta de miras, pero todavía esperanzada en abandonar la casa materna, y con su cuñada (Ana Garibaldi) aferrada a un único tema de conversación, sus dos hijos. La familia es más un síntoma que un tópico en la obra del dramaturgo francés Jean Luc Lagarce, un autor muy prolífico (dejó unas 25 piezas teatrales además de otros escritos), que murió de sida a los 38 años convencido, pese a no haber tenido suerte con su primer estreno en el teatro oficial, de que su obra alcanzaría la posteridad. Y no se equivocó, sus piezas son las más representadas en Francia (más que las de Chejov, exageran algunos). Lo cierto es que su legado teatral cuenta con el total beneplácito de los organismos de cultura franceses que hoy se esmeran en difundir su obra también en el extranjero. De hecho, «Apenas el fin del mundo» fue estrenada el año pasado, en el marco de la «Semana Lagarce en Buenos Aires», uno de los tantos acontecimientos que se organizaron en el mundo para celebrar el cincuenta aniversario de su nacimiento. Narrada en base a monólogos interiores, conversaciones truncas, diálogos cargados de reproches y recuerdos que favorecen el equívoco, la obra se desenvuelve entre el sueño y la vigilia con una morosidad seguramente deliberada. Como es habitual en la obra de Lagarce, los conflictos de los personajes florecen dentro de su propio discurso y no tanto en la acción que en general es mínima. Se trata de un material de gran lirismo que el director Cristian Drut (también responsable de una muy poética versión de «Crave» de Sarah Kane) se ocupó de valorizar al máximo, respetando las alteraciones sintácticas del texto y su rica musicalidad (algo digno de ser destacado puesto que se trata de una traducción). Buenas actuaciones y un diseño de luces que define espacios, atmósferas, primeros planos y hasta distintos grados de realidad suman calidad a la propuesta. Aún así conviene advertir que se trata de un texto que por sus sutilezas requiere de una especial concentración por parte del espectador. |
miércoles, octubre 22, 2008
CUANDO HICIMOS STRINDBERG
Fotos: Alejandro y Alvaro Hoppe
Estreno: 20 de noviembre. Pedro de Valdivia 1509. Providencia, Santiago de Chile.
martes, octubre 21, 2008
miércoles, octubre 15, 2008
lunes, octubre 13, 2008
jueves, octubre 09, 2008
MAS FUNCIONES
sábado, octubre 04, 2008
jueves, octubre 02, 2008
MONTAJE DE EGRESO
Dentro del prólogo de la obra Ensueño de August Strindberg, descubrimos el concepto del espectáculo que queremos hacer en la Universidad Finis Terrae."En este ensueño he intentado imitar la forma inconexa pero aparentemente lógica de los sueños. Todo puede suceder, todo es posible y plausible. No existen ni el tiempo ni el espacio. Sobre un fondo de hechos insignificantes de la vida real, la imaginación da vueltas y teje su propia trama: una mezcla de recuerdos, experiencias, absurdos, improvisaciones y frutos de pura invención.
Los personajes se desdoblan, duplican, reduplican, evaporan, condensan, fragmentan y unen. Pero hay una conciencia superior a la de todos ellos, la del soñador, para quien no hay secretos, ni inconsistencias, ni escrúpulos ni leyes. Él ni condena ni absuelve. Sólo relata. Y como los sueños son con más frecuencia dolorosos que felices, un tono de dulce melancolía y compasión por todos los seres vivos recorre la desenfrenada narración. Dormir, supuestamente una liberación, es con frecuencia una tortura, pero cuando el tormento llega a su peor momento, despertarse reconcilia el sufrimiento con la realidad.
En ese momento y por agónica que sea, comparada con el sueño, la realidad es un placer."
(Prólogo de August Strindberg a su obra "Ensueño")
Fotografía: Cecilia Zuvialde.
viernes, septiembre 19, 2008
BECKETT 1987
Beckett en Paris, en una habitación en el hotel PLM en Boulevard St. Jacques hablando sobre la producción alemana de televisión de su obra What Where. Filmado por John Reilly dentro del documental Waiting for Beckett












