viernes, diciembre 26, 2008

MURIÓ HAROLD PINTER

“Mi principal preocupación ha sido sobrevivir”

Renovador del teatro contemporáneo, la importancia de este inglés inconformista fue reconocida con el Premio Nobel de Literatura en 2005. En esta entrevista, repasa su pelea contra el cáncer y contra la política externa de Estados Unidos.


26.12.2008
–Su poema “Células cancerígenas” se publicó en The Guardian. Fue en realidad un grito de guerra contra su tumor, ¿verdad?

–Sí, lo escribí cuando me estaba sometiendo a la quimioterapia, y en quimioterapia vos te sentás y una enfermera te pone una cosa en el brazo –la quimio. Una enfermera en particular me dijo: “Las células cancerígenas son las que han olvidado cómo morir”. Me impresionó tanto lo que dijo que cuando salí escribí el poema. No sabía si iba a morir o no, y ese poema, pienso, representa precisamente lo que sentía en ese momento. No tenía idea de lo que iba a suceder y, de hecho, ha pasado todo un año desde entonces, pero tengo que decir que, como dice uno de los versos, “tengo que ver muerto mi tumor, un tumor que olvida morir pero tiene intención de matarme a cambio”. De hecho, me alegra decir que he visto morir a mi tumor. Así que, en referencia a esa experiencia, quiero quitarme el sombrero ante el cirujano que lo hizo, un hombre extraordinario como son, por supuesto, estos cirujanos. Uno necesita dos cosas para sobrevivir cuando tiene una enfermedad como ésta. La primera es un cirujano brillante, y la otra es una mujer brillante, y yo tuve la suerte de tener los dos. Así que para mí todo se ha convertido en una especie de mal sueño. Ha sido como estar en un bosque bastante impenetrable, en el que literalmente los árboles impiden ver el bosque. En otras palabras, la mitad del tiempo no tenía ni idea de lo que pasaba, durante la operación y al salir de ella. Antes nunca había estado enfermo así que fue bastante extraordinario encontrarme de repente en el hospital enfrentado a un cáncer muy grave y a una operación importante. Fue algo que ni me había planteado.

–Usted ha sido un luchador toda su vida, pero esta amenaza era interna en lugar de externa.

–Era ambas cosas. Externa en el sentido de que el cirujano tuvo que abrirme el cuerpo. No me di cuenta de lo que iba a hacer hasta después, cuando vi las cicatrices. No sabía su extensión. Y creo que mi estómago está en otro lugar en este momento. Pero era también interna, tiene usted razón, en el sentido de que me encontraba en un mundo muy oscuro que era imposible de interpretar. No conseguía entenderlo. Así que durante dos o tres semanas estuve en otro lugar, estuve completamente en otro sitio, no muy agradable, debo decir. Es como si te lanzaran a un océano en el que no puedes nadar. No tienes ni idea de cómo salir y simplemente flotas de un lado a otro, te inclinas de un lado a otro mientras unas olas tremendas te golpean. Es todo muy oscuro. El caso es que aquí estoy.

–Cuando uno pasa por la experiencia que usted ha vivido piensa a menudo en el tiempo, en la urgencia y en las prioridades. Incluso con su afamada energía, ¿existe algún trabajo que prefiera hacer más que otro, la política o escribir, o…?

–Ahora mismo, el principal objetivo de mi vida es simplemente sobrevivir, seguir aquí. Ésa ha sido mi principal preocupación. Y eso se reduce a hechos sencillos, me refiero a cómo usas tu energía, conforme va aumentando la energía, cómo dispones de ella, y también la dieta y esas cosas. Mi mujer presta mucha atención a eso. Así que ésa es, en realidad, mi principal preocupación. He escrito un poema, por cierto. Las palabras en la página... todavía me encanta hacer eso como lo he hecho durante más de 60 años. Esa excitación se mantuvo cuando miré la página. De repente, empecé a escribir una obra muy corta, pero una obra corta significa tanto para mí como una larga. Así que no sé. Espero que el próximo año sea más pleno y mejor porque me sienta más fuerte.

–¿Cree que está usted cambiando debido a esta experiencia?
¿El Pinter esencial ha cambiado?


–Soy más consciente de la muerte. También, durante muchos, muchos años he estado muy metido en política, y con bastante pasión. Ahora me dedico a ella con la misma pasión, pero he salido de esta experiencia con una actitud más imparcial. Veo el mundo de manera más objetiva, en lugar de… bueno, formo parte de él, pero también estoy fuera y puedo ser testigo de varias cosas que siguen siendo tan importantes como siempre, pero soy un testigo en lugar de estar directamente en la vorágine.

–Ha hablado antes del placer que le produjo escribir ese último poema. El lenguaje ha sido una pasión suya de toda la vida, y sé que el abuso del lenguaje y su significado es algo que le ha indignado a lo largo de los años; expresiones como “intervención humanitaria” y “mundo civilizado” y “eje del mal”.

–Mi favorita es la de “pueblos amantes de la libertad”. Cuando oigo a Bush decir que “en nombre de todos los pueblos amantes de la libertad vamos a seguir la lucha contra el terrorismo” y demás, me pregunto cómo son “los pueblos que odian la libertad”. Nunca he conocido a nadie así, y ni siquiera me lo puedo imaginar. En otras palabras, está diciendo estupideces. Ése es el tipo de retórica al que usted se refiere, que es realmente un lugar común en lo que llamamos el mundo occidental. (...) En realidad es justificar un acto simplemente autoritario para controlar y mantener el poder. Y la cuestión de destruir seres humanos mientras eso sucede parece ser irrelevante. Hay una pequeña anécdota que tengo que contarle. Durante el bombardeo de Serbia, hace unos años, había un mercado en una aldea llamada Nis. Yo he sido testigo presencial de este hecho. Una mujer estaba sentada con su hijo de cinco años en un banco del mercado, comiéndose un bocadillo. Y, de la nada, empezaron a caer bombas, bombas estadounidenses. El mercado se convirtió en un caos. Unas 40 o 50 personas murieron. Esta mujer buscó a su hija, que había salido disparada de sus brazos. Encontró la cabeza de la niña en la alcantarilla.

–He leído que una vez que fue evacuado de niño…, hablaba usted de las bombas y de que se había llevado su palo de críquet. Y esto me lleva a su amor por el críquet y su devoción por el juego. ¿Cómo encajan el críquet, el teatro y la política?

–Mire, la vida de uno tiene muchos compartimentos y me parece que el críquet es un acto de guerra maravillosamente civilizado. También lo encuentro estéticamente muy agradable. Me encanta el campo inglés, y el críquet se juega normalmente en un campo de hierba, con una especie de cielo azul y árboles. Lo encuentro extremadamente satisfactorio. Me fascinan los detalles del juego. Antes jugaba mucho. De hecho, fui capitán de mi club unos cinco años. Casi me mata.

–¿No es el críquet un juego con muchísimas reglas?

–Sí, definitivamente sí.

–Me confunde que una especie de quebrantador de normas o alguien que toda su vida ha luchado contra el sistema juegue al críquet.

–Nunca me habían preguntado eso antes. Me gustan las reglas que redundan en beneficio de la humanidad. Pienso que hay normas buenas y otras que son fatales, y pienso que las reglas del críquet son totalmente respetables.

–Ha aceptado recientemente el título de Companion of Honour (Compañero de Honor) , pero rechazó la oferta de Major de convertirlo en sir. ¿Por qué ha aceptado lo uno y no lo otro?

–Me parecieron dos cosas completamente distintas. La oferta del título de sir me pareció algo imposible de aceptar. No porque viniese de un gobierno conservador, como fue en su momento, sino de cualquier gobierno, el título de sir me parece sórdido. Me habría parecido bastante ridículo que me llamasen “sir”, pero lo principal era que me parecía que un galardón así era un galardón del gobierno. Mientras que el título de Compañero de Honor me parece fuera de tales consideraciones. Lo interpreté como un premio del país, por así decirlo. Al fin y al cabo, por muy crítico que haya podido ser respecto de este país y de lo que pasa aquí, y de nuestra relación con Estados Unidos, etc., sin embargo: a) me gusta el críquet; b) vivo en este país. Llevo viviendo y trabajando aquí casi sesenta años, así que tengo una relación muy estrecha. Debo decir también que recibí la carta del nombramiento dos días después de salir del hospital, y me sentía bastante mal, así que me animó.

(Publicado y traducido en la revista venezolana Dramateatro.)

Como Beckett, un autor influyente

Mi admiración por la escritura dramática de Pinter data de mi época de estudiante. Tuve la suerte de llevar a escena una versión de El montaplatos hace dos años en Buenos Aires y fui asistente de dirección del estreno argentino de Polvo eres dirigida por Rubén Szuchmacher en 1996. Cuando pienso en Pinter pienso en esos autores que como Beckett han sido fundacionales en su escritura. Una escritura que ha influenciado más de lo que imaginaban. Sin Pinter no tendríamos ni a Sarah Kane ni a Martin Crimp ni a un puñado de nuestros autores. No estoy diciendo nada novedoso, pero quizá la intención es decir algo que a veces mi generación olvida y que tiene que ver con el reconocimiento hacia aquellos que nos precedieron. Pienso en Pinter y pienso en una ética y en una mirada politica sobre el mundo. Pienso en Jorge Petraglia y en cómo habrá sido el desembarco de esa literatura en Buenos Aires en los años sesenta. Pienso en Pinter y recuerdo una descripción de Deidre Bair: Beckett y él en los años sesenta, tomando juntos una sopa de cebollas en París.

Cristian Drut, director teatral

Un hombre comprometido, un artista de vanguardia

El premio Nobel de Literatura Harold Pinter (78 años), uno de los dramaturgos británicos más importantes, murió en Nochebuena a causa del cáncer de laringe que padecía desde 2002. “Fue un grande y fue un privilegio vivir con él durante 33 años. Nunca será olvidado”, aseguró Antonia Fraser, la segunda esposa del actor, director y dramaturgo.

Pinter nació en una familia judía de sastres el 10 de octubre de 1930 en Londres, y debutó como dramaturgo con La habitación en 1957. Entre sus obras más representativas, muchas de las cuales fueron montadas en Argentina, se encuentran La fiesta de cumpleaños, El montaplatos y La vuelta al hogar. Sus trabajos se caracterizaban por diálogos minimalistas que buscaban la incomodidad y la angustia. “En los dramas –dijo alguna vez Pinter–, se trata de conflictos, desconciertos y confusiones. Nunca fui capaz de escribir una pieza alegre, pero soy capaz de disfrutar de una vida alegre.”

El inglés también era conocido por su compromiso político con la izquierda liberal y por su firme oposición a la invasión a Irak y a la Guerra de Kosovo.

En 2005 obtuvo el Nobel de Literatura. La academia sueca dijo en su momento que el autor “descubre el precipicio que hay detrás de los balbuceos cotidianos y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión”. Por el cáncer que le costó la vida no pudo viajar a Estocolmo a recibir el galardón, aunque sí pudo grabar el discurso en el que afirmaba: “A Estados Unidos le importan un bledo las Naciones Unidas, el derecho internacional o el disenso crítico. Tiene a su corderito detrás, Gran Bretaña, nación de un patetismo supino”.

“He escrito 29 obras de teatro. Creo que es suficiente”, dijo ese mismo año. En 2007 eligió el lugar donde dejaría su obra y vendió su archivo personal a la Biblioteca Británica en más de dos millones de dólares: allí hay 150 cajas con manuscritos, cartas personales, programas y fotos.

1 comentario:

freeway dijo...

hola Cristian, justamente por lo que Pinter representa para vos es que queremos hacerte esta propuesta: te interesaria dirigir la obra Traicion de Harold Pinter? Somos una productora teatral que recien empieza y estamos pensando en una cooperativa con produccion -previendo que tu trabajo sea remunerado desde los ensayos en adelante-. Los tres actores ya estan confirmados, los derechos de la obra los tenemos a partir del 1 de septiembre del 2010 y el teatro seria el Payro (aunque no esta confirmado todavia).
Si te interesa podes mandarnos un mail a freewayproducciones@gmail.com. Desde ya te agradezco y te felicito por tu blog.. Bárbara

 
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