viernes, octubre 31, 2008
viernes, octubre 24, 2008
HOY EN AMBITO
Exige concentración sutil cuadro familiar | |||
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En el terreno siempre resbaladizo de los vínculos familiares, ni siquiera el afecto -descontando que éste exista- puede llegar a unir aquello que una vez se quebró sin que nadie supiese bien el porqué. La soledad, la muerte y la imposibilidad de comunicarse con los seres a los que uno está ligado, por lazos sanguíneos y por una historia en común, son los ejes temáticos de esta pieza de tono intimista que con estudiada morosidad va sumergiendo al espectador en una atmósfera de creciente melancolía. Es como si el autor nos invitara a observar un viejo álbum de fotografías tratando de descubrir en esas vidas mediocres y resignadas algún destello de felicidad. En este caso, el encargado de pasar las páginas es un hombre de 34 años (Daniel Hendler), un individuo de pocas palabras, entre inexpresivo y enigmático, que después de mucho tiempo regresa repentinamente a su pueblo con la idea de anunciarles a su madre y a sus dos hermanos que va a morir. Es una tarea imposible o quizás inútil, debido a que su presencia sólo logra activar el vacío y la sensación de abandono que aquéllos sintieron ante su inesperada partida. Sin respetar un orden temporal, las escenas se van encadenando naturalmente a través del encuentro del protagonista con su madre ( Susana Lanteri), que recuerda con nostalgia antiguos paseos en familia; con su hermano (Ignacio Rodríguez de Anca), al que todo lo enfurece, empezando por su propia mediocridad; con su hermana menor (Valentina Bassi), algo corta de miras, pero todavía esperanzada en abandonar la casa materna, y con su cuñada (Ana Garibaldi) aferrada a un único tema de conversación, sus dos hijos. La familia es más un síntoma que un tópico en la obra del dramaturgo francés Jean Luc Lagarce, un autor muy prolífico (dejó unas 25 piezas teatrales además de otros escritos), que murió de sida a los 38 años convencido, pese a no haber tenido suerte con su primer estreno en el teatro oficial, de que su obra alcanzaría la posteridad. Y no se equivocó, sus piezas son las más representadas en Francia (más que las de Chejov, exageran algunos). Lo cierto es que su legado teatral cuenta con el total beneplácito de los organismos de cultura franceses que hoy se esmeran en difundir su obra también en el extranjero. De hecho, «Apenas el fin del mundo» fue estrenada el año pasado, en el marco de la «Semana Lagarce en Buenos Aires», uno de los tantos acontecimientos que se organizaron en el mundo para celebrar el cincuenta aniversario de su nacimiento. Narrada en base a monólogos interiores, conversaciones truncas, diálogos cargados de reproches y recuerdos que favorecen el equívoco, la obra se desenvuelve entre el sueño y la vigilia con una morosidad seguramente deliberada. Como es habitual en la obra de Lagarce, los conflictos de los personajes florecen dentro de su propio discurso y no tanto en la acción que en general es mínima. Se trata de un material de gran lirismo que el director Cristian Drut (también responsable de una muy poética versión de «Crave» de Sarah Kane) se ocupó de valorizar al máximo, respetando las alteraciones sintácticas del texto y su rica musicalidad (algo digno de ser destacado puesto que se trata de una traducción). Buenas actuaciones y un diseño de luces que define espacios, atmósferas, primeros planos y hasta distintos grados de realidad suman calidad a la propuesta. Aún así conviene advertir que se trata de un texto que por sus sutilezas requiere de una especial concentración por parte del espectador. |
miércoles, octubre 22, 2008
CUANDO HICIMOS STRINDBERG
Fotos: Alejandro y Alvaro Hoppe
Estreno: 20 de noviembre. Pedro de Valdivia 1509. Providencia, Santiago de Chile.
martes, octubre 21, 2008
miércoles, octubre 15, 2008
lunes, octubre 13, 2008
jueves, octubre 09, 2008
MAS FUNCIONES
sábado, octubre 04, 2008
jueves, octubre 02, 2008
MONTAJE DE EGRESO
Dentro del prólogo de la obra Ensueño de August Strindberg, descubrimos el concepto del espectáculo que queremos hacer en la Universidad Finis Terrae."En este ensueño he intentado imitar la forma inconexa pero aparentemente lógica de los sueños. Todo puede suceder, todo es posible y plausible. No existen ni el tiempo ni el espacio. Sobre un fondo de hechos insignificantes de la vida real, la imaginación da vueltas y teje su propia trama: una mezcla de recuerdos, experiencias, absurdos, improvisaciones y frutos de pura invención.
Los personajes se desdoblan, duplican, reduplican, evaporan, condensan, fragmentan y unen. Pero hay una conciencia superior a la de todos ellos, la del soñador, para quien no hay secretos, ni inconsistencias, ni escrúpulos ni leyes. Él ni condena ni absuelve. Sólo relata. Y como los sueños son con más frecuencia dolorosos que felices, un tono de dulce melancolía y compasión por todos los seres vivos recorre la desenfrenada narración. Dormir, supuestamente una liberación, es con frecuencia una tortura, pero cuando el tormento llega a su peor momento, despertarse reconcilia el sufrimiento con la realidad.
En ese momento y por agónica que sea, comparada con el sueño, la realidad es un placer."
(Prólogo de August Strindberg a su obra "Ensueño")
Fotografía: Cecilia Zuvialde.
viernes, septiembre 19, 2008
BECKETT 1987
Beckett en Paris, en una habitación en el hotel PLM en Boulevard St. Jacques hablando sobre la producción alemana de televisión de su obra What Where. Filmado por John Reilly dentro del documental Waiting for Beckett
miércoles, agosto 20, 2008
viernes, agosto 08, 2008
lunes, julio 28, 2008
sábado, julio 26, 2008
viernes, julio 18, 2008
HOY EN LA NACION
Conmovedora recreación de Lagarce
Apenas el fin del mundo, de Jean-Luc Lagarce. Traducción y dramaturgia: Jaime Arrambide. Intérpretes: Valentina Bassi, Ana Garibaldi, Daniel Hendler, Susana Lanteri, Ignacio Rodríguez de Anca. Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde. Iluminación: Alejandro Le Roux. Asistente de dirección: Sophie Tirouflet. Dirección: Cristian Drut. En Espacio Callejón (Humahuaca 3759). Funciones: sábados a las 18. Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: muy buena
Durante la temporada 2007, se realizó en Buenos Aires el Festival Lagarce y, a través de una semana, los porteños tuvimos la oportunidad de conocer la obra de uno de los autores más fuertes que ha dado el teatro francés durante la década del 80 y comienzos de los 90; murió en 1995. Entre las obras presentadas, Apenas el fin del mundo -un texto que puede intuirse como autobiográfico- promovió un fuerte interés entre los espectadores.
Aquella experiencia, por entonces semimontada e incompleta, acaba de estrenarse ahora en su totalidad en el Espacio Callejón y recupera en profundidad el mundo de Lagarce.
Luis llega a la casa materna, después de muchos años de ausencia, para anunciar que está próximo a morir. Lo reciben su madre, su hermana, su hermano y su cuñada. Los acontecimientos que se suscitan en la primera y en sucesivas jornadas pueden resultar extraños. Cada uno de los familiares del protagonista tendrá también su momento protagónico y será aquel en el que recrimine a su hijo, a su hermano o a su cuñado, algo de la vida que él no les permitió compartir, porque no estaba y porque las pequeñas postales que enviaba, de vez en cuando, no alcanzaban para marcar presencia.
Y si Luis llega a anunciar su muerte, no es la muerte la que domina la pieza, sino la vitalidad de un reclamo parental que exige, precisamente, presencia: reconocer la vida de los otros y hacerse cargo, acompañar en las pequeñas alegrías y también en las angustias. La ausencia de Luis ha sido una marca muy determinante en ese núcleo familiar y su muerte un signo definitorio imposible de aceptar, en ese marco de realidad histórica. Sencilla y dolorosamente porque para aceptar la muerte de un ser querido, fundamentalmente, tendremos que reconocer su vida.
La dirección de Cristian Drut apunta a develar el exacto valor de las palabras, eje fundamental en ese texto de Lagarce, y consigue unas construcciones sumamente efectivas. Sus actores recrean esos complejos discursos del dramaturgo francés con una riqueza de matices conmovedora. El autor da espacio para que cada personaje exprese, en un único momento, una síntesis de su personalidad y, entonces, cada instante es determinante a la hora de armar ese particular entramado de relaciones que, desde el dolor, la omnipotencia o el rencor busca reconstruirse.
Una fuerte carga poética dominará todo el espectáculo y cada uno de los intérpretes -el elenco es sumamente homogéneo- dará muestras suficientemente claras de que puede descubrir, en cada palabra de Lagarce, la esencia de un discurso en apariencia simple, pero con una alta complejidad dramática.
La traducción y dramaturgia de Jaime Arrambide tienen un valor fundamental en esta experiencia.
Carlos Pachecoviernes, julio 04, 2008
DANIEL EN LA NACION
Un "actor audiovisual" llega al teatro
jueves, julio 03, 2008
miércoles, julio 02, 2008
domingo, junio 15, 2008
ESTRENO
de Jean Luc Lagarce
con: Valentina Bassi, Ana Garibaldi, Daniel Hendler, Susana Lanteri, Ignacio Rodríguez de Anca
dirección: Cristian Drut
Después de muchos años de ausencia, el protagonista llega para anunciar a su familia su muerte cercana, rendir cuentas y arreglar asuntos pendientes antes de desaparecer. Demasiados malentendidos, frustraciones, celos y rencor surgieron durante su ausencia, apenas interrumpida por algunas tarjetas postales.
*Parte de esta obra fue presentada en formato de semimontado en la semana Lagarce en Buenos Aires en el 2007 en coproducción de El Kafka espacio teatral y la Embajada de Francia.
Estreno: Sábado 5 de julio- 18:00hs.
Espacio Callejón. (Humahuaca 3759- reservas al 4862 1167)
Funciones: sábados 18:00hs
Entradas: $25
Duración de la obra: 90 minutos
Ficha técnica:
Actúan: Valentina Bassi, Ana Garibaldi, Daniel Hendler, Susana Lanteri e Ignacio Rodríguez de Anca
Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde
Diseño de iluminación : Alejandro Le Roux
Coordinación de producción: Vanina Fábrica
Asistencia de dirección: Sophie Tirouflet
Traducción y dramaturgista: Jaime Arrambide
Dirección: Cristian Drut
La obra, que está estructurada como una partitura musical, subrayada en esta puesta en escena, tiene también un carácter autobiográfico.
El teatro de Lagarce está centrado en el discurso, las intrigas de sus obras son relativamente sencillas. Su escritura procede por incisos, los personajes vuelven sin cesar sobre aquello que acaban de decir, modificándolo. Queriendo ser exactos con las cosas al máximo, el texto deviene paradójicamente en algo cada vez más impreciso. El teatro de Lagarce interroga la capacidad de poder decir verdaderamente las cosas.














